Desde la publicación de la Ley de Transparencia, Acceso a la Información y Buen Gobierno de España en diciembre del 2013, en nuestro país comenzó a introducirse de forma generalizada la cultura de la rendición de cuentas a través de la publicación de información relativa a las contrataciones públicas, el movimiento de partidas económicas o el gasto en publicidad de las administraciones.

Es llamativo que la Ley estatal no fuese la pionera, en el año 2006 la Junta de Galicia aprobó la primera Ley de Transparencia en nuestro país. Le siguieron las Islas Baleares (2011), la Comunidad Foral de Navarra (2012) y la Ley de Gobierno Abierto de Extremadura (mayo de 2013). Consecuencia de estas leyes se han creado los Consejos de Transparencia, encargados de promover la transparencia, velar por cumplir la publicidad activa y garantizar el derecho de acceso a la información. También se crearon los Portales de Transparencia de las distintas Comunidades, desde donde solicitar información y donde consultar la información publicada.

Hace unas semanas participamos en una Cervecívica “Lo de la burocracia, padre. Derecho a la información y derecho a comprender”, donde junto a Juan Romero (@juanrrcc), Fran Delgado (@FranjDelMo) y nuestro compañero Juan Carlos Gómez (@jcgomjus) hablamos de Transparencia y claridad en el lenguaje de la misma, reflexionando entorno a cómo la Transparencia en muchos casos se ha conformado con ser una vía para “cumplir” con la legalidad, un cajón de sastre donde verter información inaccesible, incomprensible y nada reutilizable. Además, ejercitar nuestro Derecho a Comprender es parte fundamental de la Transparencia, no podemos renunciar a ello.

La London School of Economics publicaba ayer un artículo titulado The public do not understand logarithmic graphs used to portray COVID-19, El público no entiende los gráficos logarítmicos utilizados para representar COVID-19. El artículo se centra en la información que publican los medios de comunicación, basados en la información pública. Habla de que el esfuerzo que se hace por trasladar a gráficos y a herramientas muy visuales no es proporcional a la comprensión de los mismos. Los autores hacen referencia a cómo puede influir en la opinión pública la representación gráfica de un asunto público, por ejemplo, un cambio en la escala de la gráfica puede hacer que unos datos objetivos puedan ser leídos como resultados mejores o peores.

“Encontramos que el grupo que lee la información en una escala logarítmica tiene un nivel mucho más bajo de comprensión del gráfico: solo el 40.66% de ellos podría responder correctamente a una pregunta básica sobre el gráfico (si hubo más muertes en una semana u otra), en contraste con el 83,79% de los encuestados en la escala lineal”.

Definitivamente cuando hablamos de compresión podemos centrarnos mucho, y quedarnos ahí, en el lenguaje que empleamos. Desde la técnica del lenguaje claro es así, sin duda. Pero cuando queremos que la información sea comprensible, es una obligación atender a multitud de factores que abordándolo desde sus particularidades permiten ofrecer un conjunto accesible.

Ya vemos, como comenta el estudio de la LSE, que se ha estudiado qué tipo de gráfica son más comprensibles que otras, pues usemos gráficas que ayuden a trasladar la información clara y comprensible. Igual con los datos de Transparencia, si publicar PDFs dificulta el uso de esos datos, háganlo bien. Si vamos a publicar información útil y relevante para la población, hagámosla clara desde el principio.

Como concluye el estudio, que la información reciba información comprensible puede ser una cuestión de vida o muerte, es un derecho y es una obligación de la ciudadanía:

“Sin embargo, sabemos que, a diferencia de las personas que vieron el gráfico en una escala logarítmica, las personas expuestas a un gráfico de escala lineal pueden formar sus preferencias basándose en información que pueden entender mejor. Esta es una razón lo suficientemente fuerte como para sugerir que los medios de comunicación y los encargados de formular políticas siempre deberían describir la evolución de la pandemia utilizando un gráfico en una escala lineal, o al menos deberían mostrar ambas escalas.”

Desde Cuarto Sector hemos apostado por colaborar en las labores de difusión de la información publicando semanalmente varias infografías en lenguaje claro con el objetivo de que la población pudiera entender con claridad las normas que están delimitando nuestro día a día desde que se inició el Estado de Alarma en el mes de marzo. En una situación como la actual apostar por el lenguaje claro se ha convertido en una necesidad como el camino apropiado para resistir los bulos y las fake news, y para que la población no dependa de nadie para comprender las normas que están limitando su vida.

“Después de todo, si queremos que las personas se laven las manos y se mantengan a 2 metros de distancia, entenderán mejor lo que está sucediendo.”